HABLADOR, IDEALISTA, SOÑADOR, FRIO, CALCULADOR, AMABLE, ODIOSO, ENAMORADO, VANIDOSO, INSOPORTABLE (MAS QUE LA LEVEDAD), FAN, GRUPI, YUPI, DRUPI, IZQUIERDOSO, DERECHO, NUNCA CENTRO, SIEMPRE INCONGRUENTE, NUNCA CONSIENTE, BORREGOOOON.

OK, SOY UN HIPOALERGENICO ULTRA CENTRIFIGADO EN BUSCA DE MI JUBER BLANCA CON RUEDITAS A LOS LADOS.PORTANDO CLARO ESTA, UN MECHON ROJO COMO MARTE QUE ME INDIQUE DE DONDE SE ENCIENDE SU ROTULADOR AZUL..

POR CIERTO, SI NO ENTIENDEN NADA DE ESTE BLOG ES PORQUE HABLO TONTUGUES. LAS FALTAS DE ORTOGRAFIA SON APROPOSITO, ASI ES DEIVID, UN DESORDENADO CUALQUIERA

davinchysoy@hotmail.com me conecto todos los dias.

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[08/05/2007 1:18 am]
Gran Sorteo Millonario

Hay una tempestad sobre mi vida. Empezó el día en que el cartero entregó a la puerta de mi casa un sobre que decía con letra escarlata: Gratis. Nunca había abierto uno de estos sobres. Sé muy bien que cuando algo es gratis, las cosas andan mal. Por un descuido de la voluntad lo abrí, no sin ciertas dificultades. Ahora los sobres tienen sofisticados sistemas de cierres herméticos que soportan el abrecartas, los jaloneos. Casi son indestructibles. Decía que abrí el sobre y leí una carta personalizada. En ella mi nombre se había abierto paso entre una jungla de personajes. Sin saberlo, en una peleadísima selección, logré la entrada preventiva en un gran sorteo millonario. Confieso además que leí el mensaje con la sangre agitada de codicia: estaba a punto de ganarme 300 mil pesos. Una pequeña precisión: para entrar al sorteo era necesario suscribirse a la revista que edita la gran empresa editorial. No pensé lo que es necesario pensar en estos casos: el tiempo en que las herencias, las muertes y el amor llegaban por correo, terminó hace años; ahora, quien quiera comunicar algo irrelevante usará la carta o el telegrama. Por correo he recibido invitaciones para asistir a:

1. Una conferencia sobre la situación económica en Corea del Norte.

2. Una venta de garage.

3. Un salón de masajes: ofrece desde un modesto francés hasta una vaquilla de Rancho Seco.

4. Un curso rápido del idioma de Goethe.

5. Una barata de accesorios electrodomésticos en un almacén de la calle República de El Salvador. Y

6. Un sorteo millonario de una gran empresa editorial.

Hasta aquí, el asunto no revestía ningún misterio: una casa editorial le da de comer a sus mercadólogos y directores de arte mediante el diseño de una promoción llena de finos detalles psicológicos. Después de consultar con mi mujer, tomamos la decisión de suscribirnos a la revista y ponernos en el camino de la Fortuna, por si las moscas.

Pero las cosas empeoraron inopinadamente. Cada semana llegaron a la casa dos comunicación, cada una de ellas más perentoria que la anterior. En ellas se me amenazó con ganar el sorteo de un momento a otro y, a la vez, se me informó esto: mi buena estrella había superado dos de las cinco etapas para ser el ganador de 300 mil pesos, más un superbono de 50 mil por haber contestado a tiempo todas y cada una de las misivas enviadas por el Comité de Sorteos, a cargo del licenciado Ortiz. Una pequeña precisión para avanzar a la tercera etapa: la compra de un diccionario inverso. Sí, leyó usted bien, un diccionario inverso, usted tiene la idea, la busca y le dan la palabra concreta. A mí los comités, cualesquiera que sea su naturaleza, no me gustan, razón por la cual una noche decidí no volver a abrir ninguno de los sobres de la gran empresa editorial. "Nadie puede obligarme a ganar 300 mil pesos", pensé y me dormí a pierna suelta reconfortado por mi fortaleza de carácter.

Hay hombres favorecidos por los sueños, pero hay hombres perjudicado por ellos. Yo formo parte de los segundos. Soñé con el licenciado Ortiz. Con voz grave me comunicaba por teléfono que yo era el flamante ganador de los 350 mil pesos, un automóvil último modelo rojo brillante, dos tostadores y una enciclopedia del hogar de 32 tomos finamente empastados. Mi nombre y mi fotografía se publicaban en los periódicos. Algo de notoriedad nunca está de más, ni siquiera en el inconsciente.

Después de consultar con mi mujer, tomamos la decisión de adquirir el diccionario inverso; ya se sabe, los niños crecen y sus necesidades también. Asunto arreglado: se compra el diccionario inverso y de pasada catafixiamos la tercera etapa.

No hay nada peor que abandonar una empresa iniciada con empeño y entusiasmo. Una noche vimos en la televisión a un hombre que se ganó doscientos mil pesos tirando unos dadotes en un paño verde. El hombre lloró cuando le entregaron un cheque de su estatura; sí, leyó usted bien, un cheque gigante detrás del cual lo fotografiaron en medio de sollozos. "¿Se lo pagarán en el banco?", bromeé con mi mujer y, no me lo van a creer, me dieron ganas de llorar. Mejor me dormí.

A la mañana siguiente, al pie de la puerta, encontré un sobre que ostentaba en letra escarlata: Urgente. Yo, que he leído las novelas de Paul Auster, puedo decir que suelen seducirme con cauda de sueños y azares realizados. Abrí el sobre. En él, Ortiz me comunicaba que no debería renunciar a la tercera etapa, eso sería una locura, un desperdicio, una renuncia imperdonable del porvenir y sus paraísos. No lo formuló exactamente así, pero mi traducción simultánea me entregó las imágenes exageradas de mi ruina por ausencia de la tenacidad inherente a todos los éxitos.

 

Por razones que aún no puedo explicarme, la idea del sorteo me persiguió el resto del día, hasta la noche, hora de la cena con Irene. Me falta decir que había una pequeña precisión para escalar el tercer peldaño del sorteo millonario: la compra, en abonos de una bella edición de La Odisea con ilustraciones de un pintor boliviano, un auténtico libro de arte. Aquella noche Irene nos contó su caso perturbada por la emoción. Su padre se había sacado la lotería. Jugó durante treinta y dos años, todas las semanas, al mismo número, el año del nacimiento de Irene. Nunca dejó de comprarle al mismo billetero, a quien vio crecer, madurar, tener familia y convertirse en un hombre próspero, dueño de cuatro expendios de billetes de lotería. No cabía la menos duda, su padre era un hombre con una suerte extraordinaria. Sentí envidia. Después de una pequeña deliberación, decidimos comprar el hermoso libro. Ahora tenemos cuatro ediciones distintas de la obra de Homero, pero no importa, los clásicos nunca están de más. Bien hecho. Y de la mano de Homero, a la cuarta etapa del gran sorteo millonario.

Días después la sorpresa fue mayor. Al pie de la puerta de la casa había un sobre grande. No era el momento de echarlo todo por la ventana. Recordé al padre de Irene: compró su billete años y años hasta que ¡zaz!, la Fortuna premió su persistencia. Abrí el sobre. En el interior venía una tarjeta personal de acceso a un premio extra. De modo que había un premio extra. Pude colegir que se trataba de la llave para abrir la puerta de la cuarta etapa. Sé que no van a creerme, pero esa misma noche vi en la televisión a un hombre encerrado en una cabina con un montón de dinero a su alcance. Sí, leyó usted bien: una cápsula transparente y adentro un hombre con un dineral en una charola. A una voz, la cabina expelía en su interior unos ventarrones espantosos. Los billetes, es obvio, volaban dentro de la cabina y el hombre intentaba agarrarlos por una simple razón: todos los billetes que capturara durante dos minutos serían suyos al instante. Un hombre tan despeinado y desfajado como un vagabundo contaba la recompensa afuera de la cabina. El público aplaudía. Los conductores del programa lo felicitaban. La sonrisa de aquel hombre fue la última huella de la vigilia, antes de un sueño profundo. Aún no he dicho que había una pequeña precisión para acceder a la recta final de la cuarta etapa del gran sorteo millonario: la compara de un Libro de los medicamentos. Usos y efectos. No lo dudamos ni un segundo, un vademécum así es de lo más necesario en cualquier hogar. Cuando la tía Julia se intoxicó con penicilina, nosotros fuimos los primeros en decírselo gracias a este útil manual de las medicinas. Antes de salir al hospital, la tía Julia sabía perfectamente la gravedad de su estado y eso tranquiliza a cualquiera; nosotros nunca estamos de acuerdo con esos médicos que le ocultan al enfermo su gravedad.

La espera no fue demasiado larga. El Comité de Sorteos, por vía de Ortiz, nos envió una carta cuya letra escarlata decía: Información importante. La vida está llena de casos en los que la presunción y la inmodestia acaban con años de constancia. Mucho cuidado. Por fin tenemos el número para concursar en el gran sorteo millonario, pero aquí regresa la tempestad de la que hablé al principio. Todavía no fijan la fecha del sorteo y empezamos a inquietarnos. Al paso que vamos, sólo podremos pagar los productos comprados a la gran empresa editorial si nos ganamos el premio mayor. Nunca hemos estado tan cerca del embargo, ni siquiera aquella vez en que me sentí millonario de Forbes y abracé a la noche en bares de diversa índole nocturna. También sé que uno no puede ponerse así en manos del azar, pero qué vida no está así, en manos del azar. No lo creerán, pero he pensado ir a un programa de concursos, disfrazado por supuesto para que mi superego no sufra, a lanzar en un paño verde aquellos dadotes de la suerte. La Fortuna es cosa de paciencia, pero a veces hay que darle un empujoncito para vencer su timidez.

 

Un buen día nos enteramos de que dos días atrás se habían publicado en un periódico de circulación nacional los resultados del gran sorteo millonario. Buscamos el diario. Nada. Lo usaron para limpiar los vidrios. Le hablamos a varios amigos. Nada, lo tiraron o lo vendieron. Un conocido nos dio una lección de ética, nos recriminó que compráramos ese periódico que publicaba mentiras todos los días. Nos enredamos en una agria discusión sobre la prensa en México. Al fin, un vecino nos dio la edición que necesitábamos. Localizamos una plana completa de números en miniatura. Con nuestro boleto en la mano buscamos el número, un verdadero suplicio. Después de un rato tuvimos que aceptar que el nuestro no figuraba entre los ganadores. "Así es la suerte", dijo mi mujer. "¿Dónde estará Ortiz?", pregunté desalentado.


Rafael Perez Gay

http://redescolar.ilce.edu.mx/redescolar/act_permanentes/lengua_comunicacion/el_oto%F1o/entrale/cuento%20nunca%20acabar/rafaelperezgay.htm


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